El último lugar con fe en las autodefensas

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Rodrigo Caballero / Metapolítica

Tancítaro, Michoacán.- Cuando todo terminó empezó a llover, doña Octavia dice que eso fue lo más extraño porque era noviembre y ya no debería estar lloviendo, pero cayó el agua que lavó las calles del pueblo y borró de golpe las manchas de la violencia.

“Era como si la lluvia hubiera caído para limpiar la delincuencia que nos estaba ensuciando a todos, yo así lo sentí. Yo creo que si Dios nos mandó la lluvia ese día no fue más que para purificar porque ya no era tiempo de que lloviera en ese entonces”, dijo.

Para el momento de la lluvia la señora ya estaba en la iglesia frente a la Señora de la Esperanza, al Señor del Encinito y al Señor de la Salud, los patrones de Pareo, un pequeño pueblo de 2 mil personas ubicado entre la frontera de la Tierra Caliente y la Tierra Fría del estado de Michoacán.

Encendieron cuatro cirios y rezaron por horas hasta bien entrada la noche y siguieron rezando por días, semanas y meses hasta que de repente fue seguro salir a la calle como antes de que el pueblo cayera en manos de la delincuencia organizada, en manos de los Caballeros Templarios.

Doña Octavia se puso de hinojos y rezó, agradeció haber salido ilesa luego de una larga jornada de balaceras y ante el altar de la Virgen de la Esperanza confesó abiertamente que horas antes había estado en la casa de una “sicaria” y por un momento creyó que ninguna de las dos saldría viva de ahí.

El Día de la Comunidad

Con la excepción de un par de lugares del estado de Michoacán, el movimiento de autodefensas se siente como una cosa del pasado casi una década después del levantamiento que llenó las páginas de periódicos, revistas, tesis y libros entre 2013 y 2016.

A pesar de que el estado cuenta con una surtida variedad de grupos armados que todavía se autodenominan como parte de este movimiento, el impulso que llevó a la expulsión de los Caballeros Templarios el 24 de febrero de 2013 se ha desvanecido, sumergiendo a la entidad en un periodo de conflicto armado entre los remanentes de células delincuenciales hambrientas por control de territorio.

Ni siquiera las cunas del movimiento como fueron Tepalcatepec y Buenavista en el centro de la Tierra Caliente michoacana siguen recordando el movimiento que mantuvo en vilo a la región y desmanteló al último grupo delincuencial homogéneo de la región.

Años de conflicto interno entre grupos de autodefensas, policías comunitarias y guardias rurales terminaron por minar el objetivo del movimiento que pretendía regresarle a la población la responsabilidad de su propia seguridad ante la cooptación de las fuerzas de seguridad pública tanto municipales como estatales y federales.

Una década después de que miles de personas se unieran al movimiento armado comandado por personajes como José Manuel Mireles Valverde, Hipólito Mora Chávez y Estanislao Beltrán Torres, pocas son las poblaciones que pudieron mantener la seguridad a través de sus propios medios.

Desde la intervención de Alfredo Castillo Cervantes, mejor conocido como “El Virrey”, hasta la “institucionalización” de las autodefensas a través de la extinta Fuerza Rural y Fuerza Ciudadana, además del asesinato de líderes y la desaparición de cientos de participantes, toda la tracción del movimiento fue reemplazada por una inercia que llevó a los años violentos de 2016 a la fecha.

Atrás quedaron las celebraciones del 24 de febrero con los desfiles de camionetas repletas de gente decoradas con palomas blancas que abarcaron una cuarta parte del territorio michoacano, poniendo en jaque al gobierno del expresidente Enrique Peña Nieto.

Pero no en Tancítaro, un municipio que logró consolidar un cuerpo policiaco derivado del movimiento de autodefensas y que todavía cuenta con una extensa red de guardias civiles que mantienen vigilancia constante dentro de su territorio, apoyados por autoridades de las seis tenencias que conforman este municipio de poco más de 30 mil habitantes.

Tancítaro es un municipio a 160 kilómetros de la ciudad de Morelia que colinda con Uruapan, Apatzingán, Parácuaro, Buenavista y Peribán, que fue el centro del movimiento de autodefensas una vez que los grupos salieron de la Tierra Caliente.

Al grado que año con año conmemoran el Día de la Comunidad, una festividad que recuerda el 16 de noviembre de 2014, cuando los grupos de autodefensas de la Tierra Caliente entraron al municipio liderados por José Manuel Mireles Valverde y se hicieron del control de la seguridad.

“Esta fecha muchos la recuerdan con celebración y felicidad, pues sabemos que a partir de ese día todos vivimos con tranquilidad, armonía y paz en nuestro municipio, pero también es un día de luto, porque mostramos honor en memoria de las personas que lucharon para tener un municipio de paz”, aseguró el presidente municipal, Gerardo Mora Mora.

La Ley del Hielo

Los interceptaron en el crucero del Limón de la Luna mientras se dirigían a Los Reyes, eran los autodefensas de Mireles, los que salían en la televisión liberando pueblos e invitando a la gente a no tener miedo, a unirse contra la delincuencia.

Además de las incontables extorsiones, homicidios y amenazas acababan de secuestrar a dos muchachas en Tancítaro, esa fue la gota que derramó el vaso, las personas estaban hartas de la delincuencia y por eso un joven fue a alcanzar al doctor hasta este punto en la carretera que conecta a la Tierra Fría con la Tierra Caliente impulsado por el miedo.

“El Hielo”, como le decían al muchacho que se le acercó a Mireles, iba impulsado por el deseo de ver a Pareo fuera del yugo de la delincuencia, paró el convoy de camionetas en seco y le dijo al doctor que los estaban esperando los “malos” en su pueblo y era cierto.

En un terreno frente al autolata de la entrada del pueblo, un grupo de hombres armados pertenecientes a los Caballeros Templarios se preparaban para cerrarles el paso a los autodefensas, la idea era que pasando las camionetas atacarían por la retaguardia al grupo tratando de minar el esfuerzo por tomar Los Reyes, Peribán, Tancítaro, San Juan y potencialmente Uruapan.

Las camionetas de gente armada cambiaron de rumbo, “El Hielo” se les unió, avanzaron sobre El Cahulote, La Luna y el Garachico, pasando por debajo del arco de El Limón de la Luna, donde el 19 de julio de 2013, los Templarios habían colgado a cuatro personas, entre ellos una mujer embarazada.

Habían pasado casi nueve meses del levantamiento armado, los grupos armados se coordinaban directamente con la Policía Federal y con el Ejército Mexicano, eran operativos en los que tanto el estado como la población civil entraban armados a los pueblos, éstos últimos por delante.

“Era como en la época de la Revolución, como Pancho Villa, como Zapata, esta gente se está organizando chingón hermano”, dijo emocionado en aquel entonces un joven autodefensa que participó en la toma de Tancítaro, meses después en Apatzingán una camioneta negra frenó a su lado y el muchacho desapareció como la cabeza del Centauro del Norte.

La gente de Tancítaro y en especial la de la tenencia de Pareo se protegen unas a otras, no dan nombres si no es necesario, piden anonimato y se tapan la cara ante las cámaras, todos conocen la historia de los autodefensas que murieron después del levantamiento.

Ese es el caso de Jesús Bucio Cortés, fundador del movimiento de autodefensas en Tancítaro, quien fue asesinado a tiros años después del levantamiento, el domingo 30 de agosto de 2015 en un ataque a la barricada que resguardaba en la comunidad de El Zapote.

El hombre fue acribillado junto a Antonio Bucio luego de haber denunciado que rodaba la delincuencia afuera del municipio de la mano del exjefe de plaza de los Caballeros Templarios en Tancítaro, José Manuel Montero.

“Hay un elemento que nos hizo mucho daño y que se llama José Manuel Montero Nambo, que por cierto yo lo llevé a Morelia y lo dejé preso en el Cereso Mil Cumbres, porque él me secuestro un muchacho y el dinero que me quitaron, ¡y cómo es posible que no duró ni tres meses! ¡Ya está libre!, y es el que nos amenaza, pero eso ya no nos asusta”, dijo en entrevista poco antes de su muerte.

Para los que participaron en el movimiento y para quienes viven en la región el mensaje fue claro: sin importar lo que pasara, tendrían que mantenerse en alerta ante cualquier amenaza y eso implicaba controlar las entradas de su municipio y recurrir al anonimato.

Hasta el famoso “Hielo” desapareció en el pueblo luego de haber participado en el movimiento. Sigue ahí, pero sin hacer bulla, ha dejado de dar entrevistas y las propias personas lo protegen. El silencio se convirtió en otra forma de autodefensa.

“A fin de cuentas es nuestra gente, hizo mucho por nosotros, como ahora hacen mucho por nosotros los hombres que participan vigilando las entradas, ahora nos toca protegerlos nosotros a ellos, es lo menos que podemos hacer”, dijo doña Octavia, quien sobra decir, en realidad no se llama así.

El Culto a las Autodefensas

La religión fue uno de los elementos que ayudó a amalgamar el movimiento de autodefensas luego de que los combates terminaron, la población encontró en la Iglesia Católica un refugio luego de los violentos meses de 2013 y 2014.

El propio Día de la Comunidad es una ceremonia que mezcla la parte cívica y la religiosa, donde los sacerdotes encabezan la mayoría de los actos y toman la palabra para recordar los sucesos que afectaron al pueblo de Tancítaro antes, durante y después del levantamiento.

“Recordemos que nuestro pueblo es un pueblo que ha tenido la enorme responsabilidad de servir como ejemplo de paz y tranquilidad pero que esa paz no se logró fácilmente y este día nos sirve para reflexionar sobre lo que nos ha costado y las personas que lamentablemente hemos perdido en el camino”, dijo Roberto Torres, señor cura de la Parroquia De San Francisco de Asís de Tancítaro.

Una vez culminado el conflicto en el que fueron expulsados los miembros de los Caballeros Templarios, el municipio de Tancítaro trabajó de la mano con asociaciones religiosas y compañías como los Jesuitas, quienes llevaron a cabo jornadas de paz y reconciliación dentro de la zona.

“Los Jesuitas nos ofrecieron un proceso que llevamos en todos los pueblos de la región, algo que nos ayudó a superar el trauma, porque yo digo que es un trauma la violencia que vimos y que sufrimos, fue un gran esfuerzo de terapia de toda la comunidad que llevamos a cabo y que la religión jugó un papel muy importante”, dijo José Trinidad Meza Sánchez, expresidente municipal.

La otra parte la jugaron los productores de aguacate, Tancítaro es, junto a Peribán y Uruapan, uno de los municipios que más exporta esta fruta hacia los Estados Unidos, el dinero proveniente de esta agroindustria fue clave para mantener el movimiento de autodefensas cuando muchos otros municipios cayeron en manos de grupos delincuenciales a falta de recursos económicos para mantenerlas.

El Día de la Comunidad las actividades arrancaron con el izamiento de la bandera a media asta por parte del Cuerpo de Seguridad Pública de Tancítaro (CUSEPT), una institución policiaca de nivel municipal creada tras el levantamiento de las autodefensas que recibe financiamiento público y privado a través de los empresarios aguacateros de la región, lo que le vale el mote de la “policía aguacatera”.

Luego un desfile encabezado por representantes de la Iglesia Católica viaja desde el monumento al aguacate hasta la recién inaugurada Unidad Deportiva “Mónica Equihua” donde se llevó a cabo una misa y un acto civil, así como una verbena popular acompañada de música.

—¿Viste la paloma que entró durante la misa? —pregunta uno de los asistentes.

—Sí la vi, se paró ahí por la cruz, por el altar —responde

—Eso pasa mucho por aquí, son señales de que hay que echarle ganas.

Un día antes se realizaron rosarios y por la madrugada hay oraciones en las barricadas que fueron instaladas durante la época de las autodefensas y que ahora sirven para que la población mantenga una vigilancia constante de sus caminos, aunque sin el uso de armamento.

Cada año (con excepción del 2020 y 2021 por restricciones de la pandemia) se sigue realizando este evento conmemorativo que deja claro un culto a las autodefensas de la mano de la Iglesia Católica y la imponente fuerza de los productores de aguacate.

La matraca del helicóptero

La mujer empezó a convulsionar cerca de las 8:00, algo que comúnmente le pasaba al grado que doña Octavia ya estaba preparada para atenderla, pero que estuviera tirada en el suelo frente a ella recuperándose del ataque que había sufrido no quitaba el hecho de que ella trabajara para “la maña”.

Ella había llegado meses antes junto a los Caballeros Templarios, su pareja era uno de los sicarios del grupo delincuencial que se había instalado en Pareo y con el tiempo la gente del pueblo se había acostumbrado a su presencia.

“A todos nos daban miedo porque sabíamos que eran capaces de cualquier cosa, pero no podíamos decirles nada, nadie se atrevía a reclamarles y hacían lo que querían, estábamos secuestrados en nuestro propio pueblo”, recodó doña Octavia.

Mientras la señora trataba de reanimar a la mujer con sus infusiones y pocos cuidados que había aprendido de su madre, los autodefensas de Mireles cruzaban la gasolinera de la entrada de Pareo a pie, cubiertos detrás de las camionetas y con las armas listas para el asalto.

La refriega comenzó casi a las 9:00. Agarraron a “los malos” por sorpresa y tras el ataque inicial un puñado de cuerpos se amontonaron junto a la carretera en el terreno frente a la tienda conocida como autolata de la entrada. Oficialmente se reportaron nueve sicarios muertos y dos campesinos que quedaron en medio de los disparos.

La realidad es que algunos cuerpos se los llevaron los mismos delincuentes y otros simplemente desaparecieron como si la lluvia de la tarde realmente hubiera lavado el suelo como recuerda doña Octavia casi diez años después.

El ataque siguió avanzando hacia el pueblo empujando a los armados hacia Tancítaro, los pocos que se quedaron dentro del pueblo fueron diezmados rápidamente con el poder de fuego de los autodefensas apoyados desde el aire por un Black Hawk de la Policía Federal.

“Arriba desde el aire sonada que bajaba el helicóptero y ¡zas!, sonaba como una matraca, pero muy fuerte, se sentía cuando pegaban los balazos como si pegaran junto a mí y de repente que me acuerdo que estaba en la casa de la sicaria y sentí que no salía”, recuerda doña Octavia.

La mujer agarró valor para salir corriendo de ahí hacia la casa de enfrente donde una vecina le ofreció asilo durante el resto del día, la señora no recuerda en qué momento decidieron encender las velas y comenzar a rezar y en qué momento un grupo de mujeres se refugió en la iglesia del pueblo, pero ya estaba oscureciendo para ese entonces.

"Felicidades, Pareo y Tancítaro, hoy son libres de CO [Crimen Organizado]. Van a ver que jamás les vuelven a levantar una persona ni cobrar cuotas en sus hermosos pueblos, ¡¡admirable el poder del pueblo libertad!!”, publicaron en la extinta cuenta de Facebook Valor por Michoacán horas más tarde.

Los combates habían cesado, pero doña Octavia no dejó de rezar, la mujer dice que era sábado y ese día la gente sale a la calle a pasear y anda en el pueblo y en el autolata platicando, pero ese día no había nadie.

“Yo creo que fue que nos estaba protegiendo el señor desde el cielo porque qué casualidad que nadie estaba ahí, cuando era sábado y todos salen a la calle, hasta yo hubiera andado ahí, pero me entretuve y por eso a nadie del pueblo le tocó, solamente a los malos”, dijo Octavia.

Cuando empezó a llover todo había terminado, la asamblea del pueblo de Pareo estaba formada, los autodefensas habían avanzado hacia Tancítaro tomando la presidencia municipal y la cárcel haciendo huir a los policías municipales con armas y patrullas.

Doña Octavia estaba en la iglesia rezando cuando se dio cuenta que se había venido la lluvia, pero se concentró en pedirle perdón a la Virgen de la Esperanza porque se acordó de la mujer que había atendido en la mañana, pero jamás volvió a saber de ella.

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