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RECOMENDACIÓN | Victoria Equihua: la venganza de las niñas

Por Zuhey Medina

Hay muchos ángulos en los que podría abordarse a Victoria Equihua; sus poemas están trenzados en la vida de una mujer que atraviesa la discriminación por clase, sexo y la turbulencia de la guerra contra el narco.

Leí a Victoria a destiempo, siendo ella ya un referente a nivel internacional de slam de poesía – segundo lugar de la Copa América ‘Abya Yala’ de Poetry Slam en Río de Janeiro 2021-. No hay nada que lamentar, nunca es tarde para los encuentros.

En esta colisión abrumadora, “Sé una buena mujer”, poema publicado en Xinachtlli Journal/ Jornal X en California (2021), grita la liberación de la mujer a ser “buena”, a despojarnos del estereotipo hegemónico de belleza y de bondad, construidas a través de lealtades con madres y abuelas.

¿Qué es ser “buena mujer”? Para Equihua es la mujer que se dedica a las tareas del hogar, que trabaja, pero que se da tiempo para maquillarse; una mujer blanca, de cabello y dientes perfectos. Una mujer “con cien pares de zapatos” que a todo dice que sí, y calla. La mujer que no es.

“Puesto que la mujer es un objeto, se comprende que la forma en que se adorne y se vista modifique su valor intrínseco”, señala Simone de Beauvoir en su Segundo Sexo (1949/1999, p. 520)

Así pues, la mujer es inicialmente objeto en este texto, que recurre a la “elegancia” como un arma que la vuelve “servidumbre” (Beauvoir, 1949/1999, p. 520).

La poeta rompe el molde y, con ello, la servidumbre. Ella no quiere ser una “buena mujer”, no quiere ser hembra, ni parir, ni ser cuidadora. Equihua quiere sobrevivir, pero se reconoce cuerpo: “de piel de colores”, “cintura inmensa”; se reconoce acción: que “amasa” y “escribe”; se reconoce trascendente: “soy la resistencia”.

Renuncia a ser una buena mujer para ser la venganza de las niñas, de su madre y sus ancestras:

“Yo soy el fuego
La rabia
La poesía”.

Es así que “Sé una buena mujer” contrario al título es una carta abierta contra el patriarcado “voy a ser una mala mujer” ser mala como redención y liberación de género.

Victoria Equihua tendría que ser leída en los libros de texto; para que más niñas derramen lágrimas sanadoras y digan “soy yo”, “habla de mí”, como por lo menos a esta lectora le ha pasado.

Al mundo le faltan Victorias Equihua, poetas que escriban para las niñas marginales que tampoco tienen que comer, y escuchan balas en la colonia, y que ya no dudan si son cuetes, porque el sonido les permite saber con certeza el poder de las ráfagas, la distancia y el tiempo.

Niñas con padres ausentes, niñas con el cabello trenzado por madres y abuelas. Niñas-venganza de puño cerrado, mirada furiosa y llanto libre.

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