Con intervenciones directas en Colombia y Brasil, el presidente de Estados Unidos intensifica su estrategia de presión en la región para forzar un alineamiento incondicional a su eje de gobierno, advierten analistas.
Metapolítica
Morelia, Michoacán, a 4 de junio de 2026.— El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha intensificado su intervencionismo político en América Latina con el objetivo de moldear los resultados electorales de la región y asegurar gobiernos subordinados a sus intereses posturas. Su acción más reciente se registró en Colombia, donde otorgó su “total respaldo” al candidato presidencial de ultraderecha, Abelardo de la Espriella, de cara al balotaje del próximo 21 de junio.
El respaldo de Trump hacia De la Espriella, quien partió como favorito tras la primera vuelta, fue condicionado de inmediato por el mandatario estadounidense al afirmar que el resultado será “muy importantes para el futuro de la relación” bilateral. Esta postura provocó el rechazo inmediato del presidente colombiano, Gustavo Petro, quien exigió respeto a la soberanía nacional y convocó a la ciudadanía a elegir “en libertad”.
A la par de la intromisión en el proceso colombiano, Trump exhibió en sus redes sociales un encuentro en el Despacho Oval con el senador y candidato brasileño Flavio Bolsonaro, opositor al actual mandatario Luiz Inácio Lula da Silva, perfilando su apoyo de cara a los comicios de octubre en el gigante sudamericano.
Extorsión como práctica común
Especialistas en materia internacional coinciden en que la Casa Blanca ha revivido estrategias de presión política y económica inéditas desde la época de la Guerra Fría.
“Trump está con un tema de posicionarse como el líder de todo el hemisferio occidental. Dentro de ello, no está aceptando las confrontaciones abiertas de tipo político, ideológico, a su eje de gobierno. Está buscando un alineamiento, quiere una subordinación total”, advirtió el internacionalista Abelardo Rodríguez Sumano, investigador de la Universidad Iberoamericana en México.
Los antecedentes de este despliegue de fuerza se vivieron en Honduras, donde Trump amenazó de forma descarada con suspender la ayuda económica y endurecer las políticas migratorias si no ganaba el conservador Nasry Asfura, una acción catalogada por el académico Farid Kahhat como una “extorsión a los electores”. Una táctica similar ocurrió en Argentina, donde se condicionó un paquete de asistencia de 20 mil millones de dólares al triunfo de los candidatos legislativos afines al presidente Javier Milei. En ambos casos, las amenazas surtieron el efecto deseado por Washington.
Al respecto, el diario francés Le Monde alertó en un editorial sobre el nivel de agresividad de la actual administración estadounidense:
“Amenazas militares, intimidación verbal, interferencia electoral, Donald Trump ha tratado al continente americano con una severidad que tiene pocos precedentes para un presidente de Estados Unidos. Después de Canadá, Latinoamérica se ha convertido en el blanco principal de su agresión”.
El riesgo del “efecto búmeran”
Pese al poderío que exhibe la Casa Blanca, analistas y diplomáticos advierten que el intervencionismo explícito de Donald Trump no siempre garantiza victorias y puede tornarse contraproducente. Como ejemplo reciente destacan los casos de Canadá y Australia, o Hungría, donde el mandatario envió al vicepresidente JD Vance a respaldar al conservador Viktor Orbán, quien terminó perdiendo las elecciones.
Kevin Whitaker, exembajador de Estados Unidos en Colombia, apuntó que la agresividad discursiva en un escenario altamente polarizado como el colombiano “podría tener un efecto búmeran si el respaldo de Trump termina por motivar a los votantes de Iván Cepeda”, el candidato de izquierda.
Por su parte, Sandra Borda, profesora de la Universidad de los Andes, explicó que la Casa Blanca arriesga el voto de castigo al intentar imponer perfiles de forma tan directa. “Está empezando a descubrir que cada vez que intervienen, si lo hacen con demasiada fuerza, pueden empujar al electorado en una dirección contraria. Victimizar a la izquierda puede potenciarla electoralmente”, apuntó.
El panorama electoral de América Latina este año, que incluye definiciones cruciales en Perú, Haití, Colombia y Brasil, medirá el verdadero alcance del control hegemónico de Washington frente a una región que lidia de manera simultánea con la fatiga hacia los partidos tradicionales, crisis económicas y demandas de mano dura contra el crimen organizado.
Con información de El Universal y CNN
