Crítica | “Empire of Light” de Sam Mendes

Ivan Madrigal / Metapolítica

“Mi padre y yo íbamos a pescar, pero nunca pescábamos algo. No es que fuese un mal pescador. Después me di cuenta de que el problema era más simple: no sabía en qué lugar se encontraban los peces, y le daba vergüenza preguntar. La vergüenza es un mal mayor”

Mendes, S., Empire of Light (2022)

A veces, las soluciones son más sencillas de lo que creemos. En “Empire of Light”, Sam Mendes toca fibras sensibles a través de sus personajes, especialmente de Hilary, interpretada magistralmente por Olivia Colman. Mendes plantea que ella no es un problema a resolver, y ese es uno de los grandes mensajes de la película: no todo necesita una solución, y a veces basta con preguntar para encontrar el rumbo. La vergüenza, en cambio, puede frenar el flujo natural de una vida.

El final de la cinta evoca la bolsa flotante de “American Beauty”, una película difícil de explicar, al igual que esta. Sin embargo, “Empire of Light” no recurre al humor negro tan afilado de aquella, aunque la ironía de Mendes está presente, más sutil. No es un drama contemplativo ni copioso, a pesar de que Hilary lidia con una enfermedad emocional que la lleva a depender de medicamentos. Su interés romántico, un joven negro con sueños truncados, enfrenta el racismo y la radicalización del nacionalismo en Gran Bretaña. Aun así, la película no se hunde en la tragedia, sino que encuentra belleza en lo cotidiano: en tender la mano, en permitirse sentir, en besar un espíritu ajeno al tuyo.

El cine donde trabaja Hilary no es un homenaje de Mendes a la industria cinematográfica, sino el escenario de una mujer madura y modesta que enfrenta turnos extenuantes en un lugar que aspira a una grandeza que parece inalcanzable. Sus compañeros son confidentes y colaboradores, una familia con límites. Hilary no ve las películas que proyectan, pero convive con quienes aman el cine. Solo cuando se libera de los cánones sociales y deja atrás la vergüenza, comienza a notar y escuchar a los demás. Es entonces cuando, con empatía y sin prejuicios, empieza a disfrutar de las películas en el lugar donde ha trabajado tantos años.

“Empire of Light” revela la sensibilidad de Mendes, capaz de transitar de la sátira a la acción bélica o a una historia modesta pero poderosa, con mensajes claros que no abruman. No es su obra más mordaz, pero sí una muestra de su capacidad para crear un cine suficiente y conmovedor con facilidad e inventiva. No parece material de Oscars, pero ofrece crecimiento, discurso social-racial, poesía y la liberación de las vergüenzas. Y, ¿saben? No todo necesita un Oscar para transformar sensibilidades; a veces, esto es suficiente.

Una experiencia muy recomendable y una aproximación al amor por el cine distinta, de la mano de un cinéfilo como Sam Mendes.

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