martes, 7 - diciembre - 2021

#ENTRELÍNEAS // La crisis que generó Silvano Aureoles y que padece Alfredo Ramírez…

Héctor Tapia

No hay nada más justo que a todo trabajo devengado se pague el correspondiente salario o contraprestación. Por ello, no sólo es obvio que el incumplimiento de esto generará molestia y reclamos, sino que además es justo que se hagan las exigencias para que se cubra lo correspondiente. Por Justicia. 

Sin embargo, por muy justificada la molestia, los reclamos y desmanes que se han externado en días recientes por la exigencia del cumplimiento salarial por parte del magisterio, estos adquirieron tonos de intransigencia, incomprensión, y hasta cierto grado de dolo en la protesta, que estuvieron a punto de desbordarse, particularmente en el evento que se dio en Uruapan. Lo que dejó ver más una intención de medir fuerza que otra cosa. 

Cierto, hasta el día del relevo constitucional en el gobierno del estado, que se dio hace 22 días, simplemente al magisterio se le debían cuatro quincenas, como una herencia de Silvano Aureoles de su gobierno; pero no sólo se les quedó debiendo al magisterio, la deuda o retrasos se agravaron con el Poder Legislativo, el Poder Judicial, con organismos públicos desconcentrados, proveedores, prestadores de servicios. La crisis, de la cual todavía no se ve el fondo, se venía fraguando, alimentando y agudizando, cuando menos desde dos a tres meses antes de la salida del anterior gobierno. Y, pese a ello, y aunque había reclamos, las protestas no eran tan duras en ese momento. 

Previo a asumir, Alfredo Ramírez Bedolla anunció con bombo y platillo una serie de gestiones que venía realizando para atender estos pendientes, pero no fluyó todo como se esperaba en ese momento, porque además él todavía no tenía facultades constitucionales de decisión. 

Luego, con la visita del presidente Andrés Manuel López Obrador para anunciar el Plan de Apoyo para Michoacán, se comprometió a saldar todos estos adeudos que se acumularon, y, otra vez, no fluyó el respaldo de forma inmediata, y de manera paralela la crisis se seguía profundizando. Cuestión de días. Lo que aceleró de nueva cuenta los ánimos. 

Al llegar la primera quincena de octubre, el gobierno de Michoacán, ya con Alfredo Ramírez Bedolla como titular del Ejecutivo, sin la aportación total federal en el rescate, saldó dos quincenas al magisterio como muestra de voluntad, con el compromiso de que en la quincena que está por cumplirse se saldarían otras dos, de las tres que quedan pendientes y la que está por cumplirse. Para ello, tuvo que recurrir a una deuda a corto plazo. 

No hay que perder de vista que los adeudos no sólo eran con el magisterio; no sólo ellos comen. También era para cubrir los pendientes con otras áreas del sector público que reciben recursos estatales, quienes terminaron también por padecer las penurias heredadas por la crisis que alimentó y profundizó el exgobernador Silvano Aureoles Conejo, quien, ya desaparecido, pareciera que ha pasado al olvido. 

Cierto, con días de distancia, se ve el error que cometió Alfredo Ramírez al comprometer de manera tajante fechas de pago total, así como también se ve el error de la federación de haber comprometido la solución del problema vía acompañamiento extraordinario, sin tener claridad para cuándo. 

Ese error no sólo ha sido echado en cara por el magisterio, sino que ha sido reclamado y tomado por la ahora recién estrenada oposición que guardó silencio cuando Silvano Aureoles agudizó la crisis en Michoacán, y que ahora, prestos, exigen el pago de las cuentas, sin recordar en sus posicionamientos que la crisis se afianzó antes del relevo.

Ahora, ¿por qué parece intransigente e irracional la postura de una fracción del magisterio?, porque, pese a que tienen razón en exigir sus salarios y que por justicia les corresponde, no han volteado a ver que hay otras áreas públicas que padecen igual o peor que ellos las consecuencias del desastre financiero que se recibió hace apenas tres semanas. Y el recurso público que caiga tiene que distribuirse también con ellos, también tienen familias, también tienen deudas, también tienen que comer. 

Hay que ser enfáticos: el gobierno federal ha asumido compromisos, y apenas este mismo viernes el presidente reiteró que se ayudará al gobierno de Michoacán para saldar estas deudas; sin embargo, la velocidad con que se esperaba ese respaldo no se ha visto. 

Michoacán inicia el último trimestre tratando de salir al paso, ponerse a ras de piso, para poder operar. Por ahora, la administración estatal está enfocada en mantener a flote al barco, sortea los efectos de la quiebra técnica, y de todo esto, no hay luces de cuándo se habrá de superar.

Héctor Tapia. Director General de Metapolítica.mx, reportero en Medios Radiofónicos de Michoacán y analista político en Canal 6 Media Group y Cadena Rasa.

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