Por Lucero Circe López Riofrio
Las calles, las avenidas, los cuerpos, las vidas, entre muchas otras cosas creen pertenecerles a los hombres, a ciertos hombres, afortunadamente no a todos, ni todas las mujeres forman parte de ese “patrimonio” que algunos creen que les pertenecen. Hombres que han sido y fueron educados, socializados y culturalizados bajo la lógica de la acumulación, el dinero y la posesión, que es la base del machismo y de la violencia.
Abordar el tema de patrimonio, implica reconocer la violencia especialmente la económica y la patrimonial, pero también asociada a otro tipo de violencia, la social, que se ejerce de manera coercitiva, que impone dominio y control como formas de negociación, y que además se extiende a lo largo de espacios que afectan vialidades, instituciones, pero principalmente derechos.
Históricamente estos grupos han validado que la coerción es una forma de presión, que muchas veces es de capricho, pretendiendo hacer valer sus demandas y de atención pronta y urgente. Desde que recuerdo hay muchas cosas que se le han cumplido a estos grupos que hoy solo quieren generar un caos, maniobras que evidencian viejas prácticas políticas de las que por cierto están muy desacreditadas y que generan en la ciudadanía una gran molestia e inconformidad.
Me parece preocupante que las demandas de estos grupos pretendan imponerse como afectación a sus “derechos” pero que en realidad no son más que privilegios, los cuales no pudieron haberse construido de esa manera sin el aval de las autoridades en turno, que en muchas ocasiones se beneficiaron de esos “acuerdos”, y que no es un secreto que muchas concesiones y cuotas tienen dueños en distintos partidos políticos o prestanombres.
Pero en este caso utilizar la violencia como demanda “legitima” para defender sus privilegios como patrimonio me parece un despropósito y una brutalidad porque atenta contra la ciudadanía que nada tiene que ver con esta disputa en la que el poder es el centro más no la dignidad laboral y el mejoramiento de la función y de los servicios públicos.
Las demandas no son para contribuir a la gobernabilidad, la paz, la tolerancia, la justicia, son para posicionarse no como contraparte en una democracia sino para ejercer una violencia que de fondo nunca será justificada.
La lucha sindical hace mucho que dejo de ser reivindicativa de la clase trabajadora, en realidad muy pocos sindicatos son destacables y siguen luchando por las mejoras laborales de sus agremiados, pero hay otras en la opacidad, que han construido grandes riquezas a través de las cuotas de los trabajadores/as quedando siempre en último lugar estos/as sin servicios médicos, sin vacaciones, sin aguinaldos, sin prestaciones, aunado a que las cuotas sindicales no son auditables.
La utilización de los sectores laborales para legitimar demandas que nunca les beneficiaron es una historia evidente y en la que ha habido engaños, traiciones y fracturas, pero en esas batallas casi siempre las víctimas han estado del lado de las bases, más no de los liderazgos y sus familias que siguen en la opulencia, eso es innegable. El dialogo que muchas veces se exige en realidad no existe, lo cierto es que tampoco sabemos dialogar, las mesas a implementar en realidad son espacios de intercambio de pliegos petitorios injustificables e inviables, no sólo en lo económico sino también en lo político.
Durante al menos los últimos 5 años, se ha puesto en evidencia mucho más que antes, dónde es que se concentran los grupos que juegan como oposición y establecen vínculos en los que se pretende patrimonializar lo que se pueda, y que no es suyo, sin tomar en cuenta que eso es parte de una serie de situaciones y condiciones que terminan por afectar lo que se suponen “defienden”, siendo la base trabajadora quien termina perdiendo y con ello afectando también a quienes requerimos de esos servicios. Evidencias: un transporte de mala calidad, mal servicio, unidades viejas que en otros estados han sido descontinuadas, aunado al desmantelamiento de las calles por donde la clase trabajadora transita y que no es atendida porque hasta ahí no llega el brillo que sólo llega hasta ciertas zonas que pueden concentrar la gentrificación y su base política clientelar.
Así como también el servicio público, que controla muchas de las plazas que se desocupan para que sean heredadas, como una gaveta de servicios funerarios, no hay renovación de perfiles y capacidades, no se puede profesionalizar la atención, si bien hay muchos espacios en donde las personas realizan un trabajo profesional y ético, pero también hay quienes no lo hacen así, sabotean e impiden un trabajo coordinado y ordenado. No discuto que hay también funcionariado que deja mucho que desear y que su desempeño es verdaderamente indeseable y que muchas veces genera conflictos y confrontaciones que responden más al desconocimiento, a la utilización de la violencia y la intimidación por ser la esposa de o el protegido de.
El hartazgo es evidente, la paralización no sólo de las cuestiones económicas que se ven afectadas sino también de la vida, de la cotidianidad y sus urgencias de esta, la cita médica que era para este día y se vio afectada, la cual será repuesta para dentro de 6 meses si bien les va, los traslados de los hijos e hijas en las escuelas para su salida, las personas que de otros municipios habían planeado con anticipación su venida para resolver pendientes, entre tantas cosas. La violenta defensa de lo que creen que es su patrimonio que junto con su machismo que lidera, no afecta a las autoridades, afecta a la ciudadanía, su violencia es contra esta, no hay justificación, no hay pretextos, la luchas no es por los derechos es por la conservación del poder que hasta ahora conservan para un sector de agremiados que en momentos cruciales tampoco son beneficiados.
Y en este caos, lo que desde mi punto de vista afecta aún más en una lucha legitima de la CNTE y que no requiere de “sumar” a estos grupos que a través de estos actos deslegitima su lucha histórica y que la desafección social logra el propósito de generar el repudio y la desacreditación para restarle importancia a la educación en este país, porque sin ella no podríamos ser libres, reflexivos y críticos, y luchar por defender nuestra libertad y nuestros derechos.
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