☞ OPINIÓN | La psicología del neoliberalismo: malestares, emociones, la crisis del agobio

Por Lucero Circe López Riofrio

La psicología, al igual que otras ciencias, ha sido influenciada por el neoliberalismo y sus efectos son, desde mi punto de vista, preocupantes. Éstos mismos han generado una crisis, no sólo en la prestación de los servicios de atención, sino también en los procedimientos a los que se accede, ya que no muchos son gratuitos ni tampoco profesionales. La patologización de la población es una acción recurrente, en donde es más fácil medicar que realizar una práctica más humanizada en la que la escucha conjunta y colectiva pueda sanar a la persona, y que considero es el eje central para un ejercicio dialectico valiente y honesto. El neoliberalismo, a través de la infocracia, impide entendernos, nos enferma, nos despolitiza, porque los problemas que nos afectan pareciera que no son de interés colectivo, por eso los individualiza, lo que nos agobia. No sabemos ponerle palabras sino emociones distintas en emotividad, intensidad y expresión, nos irracionaliza, en donde la ansiedad y la exigencia son dirigidas exclusivamente a la felicidad, y, todo esto, juega un papel determinante hoy en día.

La productividad no nos lleva necesariamente a la superación de la precariedad, como tampoco los logros nos llevan a una vida exitosa y onerosa, si bien, nos permiten acceder a recursos para una vida menos estresante, trabajar menos nos permite dedicarnos a la contemplación, al descanso, al silencio, a la creatividad, así como al involucramiento de actividades colectivas que fortalezcan el tejido social y el cuidado mutuo.

El agobio es una estrategia económico-política emanada del neoliberalismo, que transita mediáticamente para infundir temor, caos, incertidumbre, una forma disciplinaria del malestar, somática y corporal (como lo describió Foucault). Para ello, la vigilancia es fomentada desde los corporativos empresariales de los medios de comunicación y hasta las redes sociales que nos somete y nos subordina. Desde hace aproximadamente 7 años, la televisión pública, especialmente, expone grandes segmentos de nota roja, esa que hace varias décadas ya se desacreditaba y se consideraba un producto mediocre que solo era reproducida por medios carentes de veracidad. Se decía que esos medios escurrían sangre, sin embargo, el bombardeo de esas notas caóticas y sangrientas, desestabilizan, reproducen la violencia, instalan la percepción de que todo esta mal y nada tiene solución, y que no hay cosas altamente significativas e importantes para la colectividad para el común en el que estamos todas y todos.

La provocación tiene como resultado la ansiedad, el resentimiento, la ira, la frustración, porque en realidad hay un aislamiento, una especie de desapropiación del ser y estar, porque no hay la socialización entre pares ni con los demás, porque se está dejando de ser parte de una comunidad, una familia, un grupo, por lo que no se logra mediar entre la expresión y la manifestación.

La desacreditación de las ciencias sociales, del humanismo, de la filosofía, de la devaluación de la racionalidad, ha generado un impacto negativo, particularmente en la psicoterapia, en donde ha tenido en contra la falta de reconocimiento, credibilidad y eficiencia. La denostación sobre su utilidad y exigencia corto placista persuade a quien necesita hablar y sentirse escuchado/a, para acudir con pseudo psicoterapeutas sin formación y coaches de vida (como se hacen llamar), prácticas mercenarias que no buscan el bienestar integral de las personas que sufren, sino el enriquecimiento de quienes la promueven contribuyendo así a la estigmatización y las malas referencias, además de la elevación de los costos por un proceso de atención psicológica privada, ya que en el ámbito público sigue siendo insuficiente.

Preocupan las personas que viven constantemente en ansiedad, diabetes, ataques de corazón, en angustia constante, en pensar que no hay solución y que sólo el suicidio es la opción porque no hay palabras para describir y expresar el dolor y el sufrimiento que les aflige. Si esto no es importante y prioritario para demandar una fuerte política pública social, entonces el neoliberalismo habrá logrado su finalidad en donde la vida carece de valor. Por ejemplo, pensemos en la complejidad que muchas madres y padres de familia enfrentan al no saber cómo lidiar con las exigencias, frustraciones y demandas que derivan en diferentes estadios emocionales de sus seres queridos o cercanos, y que muchas veces se tornan inmanejables e irresolubles para poder contenerlos.

Lo cierto es que comunicarnos entre pares e intergeneracionalmente ha implicado complejidad y distanciamiento de lo que nos une y esto afecta en la realidad y la cotidianidad. Comunicarnos en tiempos del neoliberalismo y tecnoliberalismo es otro asunto, porque la demanda es la prontitud para ser atendidas, pero también para ser desechadas porque no satisfizo. Este “neolenguaje” restringe la toma de conciencia y anula específicamente la pérdida del sentido común. Recordemos que uno de los objetivos del neoliberalismo es impedir todo proceso cognoscitivo, por ello, siembra incredulidad, desestabiliza e imposibilita la comprobación de los hechos, por lo que acude a las farsas y montajes, construyendo emociones que dañan y narrativas que engañan, porque la verdad es lo menos importante para estos.   

El desafío es muy complejo, ¿qué haremos con hijos e hijas catalogas/os y patologizadas/os emocionalmente como incurables, situados en la indefensión, sin socialización, aprisionados/as al mirar y escrolear imágenes e interpretando la realidad a través de un celular, un ipad o una computadora, sin poder procesar la información, pero si provocando una avalancha de emociones que afectan la vida real?, ¿por qué no hay recursos para procesarla, con repercusiones parecidas a la discapacidad, mostrando incapacidad para el autocuidado, sin prevención, absortos ante la cotidianidad virtual?

Las opiniones emitidas por los colaboradores de Metapolítica son responsabilidad de quien las escribe y no representan una posición editorial de este medio.

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