☞ Entre Leyes y Letras | El derecho colaborativo: una nueva ruta para resolver conflictos

Por Alejandro Vargas

Hablar de justicia en México y en muchos países del mundo suele ser sinónimo de juicios interminables, expedientes saturados y ciudadanos cansados de procesos que, al final, pocas veces resuelven de manera integral los problemas de fondo. Frente a esa realidad, hoy se abre paso una alternativa que empieza a cambiar la forma en que entendemos la solución de conflictos: el derecho colaborativo.

Este modelo, nacido en Estados Unidos en los años noventa, propone algo radicalmente distinto a la lógica del pleito tradicional. En lugar de apostar por la confrontación, el derecho colaborativo invita a las partes a sentarse a dialogar, acompañadas de sus abogados, con el compromiso de encontrar un acuerdo justo y duradero sin llegar a juicio. No es un ejercicio improvisado de buena voluntad, sino un método estructurado que exige transparencia, comunicación efectiva y respeto mutuo.

En países como Canadá, Reino Unido, España o Australia, este enfoque ha dejado ver resultados claros: acuerdos más rápidos, menos costosos y, sobre todo, con mayor estabilidad en el tiempo. No es casualidad que, en especial en temas familiares y civiles, los procesos colaborativos hayan ganado terreno sobre la vía judicial.

En México, el tema ha dado un paso firme con la publicación de la Ley General de Mecanismos Alternativos de Solución de Controversias en el Diario Oficial de la Federación el 26 de enero de 2024. Este nuevo marco normativo reconoce y regula distintas herramientas para resolver disputas fuera de los tribunales, entre ellas el derecho colaborativo, lo que abre la puerta para su práctica institucionalizada y con respaldo legal. Con ello, nuestro país se suma a la tendencia internacional que busca modernizar la justicia y devolverla a los ciudadanos.

El impacto de este reconocimiento es enorme. Pensemos en un divorcio conflictivo: en lugar de una batalla legal que desgasta emocional y económicamente a todos, el derecho colaborativo ofrece un espacio donde los involucrados, guiados por sus abogados, pueden construir acuerdos que prioricen el bienestar de los hijos y respeten los intereses de ambos. Casos así demuestran que no siempre se necesita un juez para tener justicia, sino voluntad y un marco legal que lo respalde.

Sin embargo, no podemos caer en la ingenuidad. Este modelo no es una varita mágica que resuelve todo. En situaciones de violencia, abusos de poder o cuando una de las partes no quiere dialogar, el derecho colaborativo difícilmente puede funcionar. Además, implica un cambio profundo en la cultura jurídica: los abogados deben dejar de ser combatientes de sala para convertirse en asesores capaces de negociar, mediar y acompañar a sus clientes en procesos menos adversariales.

Aun con esos retos, el derecho colaborativo representa una oportunidad histórica para repensar la justicia en México. La publicación de la Ley General de Mecanismos Alternativos de Solución de Controversias es un parteaguas que no solo busca desahogar los tribunales, sino también transformar la manera en que resolvemos nuestras diferencias.

En definitiva, el derecho colaborativo no es una moda: es una exigencia de nuestro tiempo. Si los tribunales no cambian, los ciudadanos ya están mostrando el camino. Y la pregunta es clara: ¿queremos seguir atados a juicios interminables o apostaremos por soluciones que, de verdad, construyan paz?

Las opiniones emitidas por los colaboradores de Metapolítica son responsabilidad de quien las escribe y no representan una posición editorial de este medio.

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