Por Elizabeth Juárez Cordero
Altiva y relamida esperaba la llegada
de viejos amigos y grandes amores
catrines y damas muy bien vestidas
gente importante pero poco entrañable.
Con gustos muy finos y extravagantes
de malos caminos, y peores costumbres
con buenos apoyos y grandes sobornos
juraban que no llegarían, los muy astutos.
Casas, joyas y jugosas fortunas
decían bien intencionados y muy mal aconsejados
de grandes egos, pero de almas muy cortas
tan pronto llegaron serían apresados.
Ansiosa los miraba con enorme alegría
la muerte sedienta les enmudecía
sin prisa, muy cauta les recibiría
con música y vinos muy caros les deleitaría.
Débiles de espíritu como fueron en vida
en sus brazos hallarían por fin, la justicia prometida.
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