☞ OPINIÓN | Paseo de las Heroínas-Reivindicación histórica y narrativa oficial

Por Catalina Rosas

La presidenta Dra. Claudia Sheinbaum Pardo encabezó el siete de enero la develación de seis esculturas de mujeres indígenas ancestras en el Paseo de la Reforma, integrándolas al llamado Paseo de las Heroínas en la Ciudad de México. Estas esculturas representan figuras históricas como la Reina Roja, la hija de Moctezuma, la señora 6 mono, Xiuhtzatzin, Malintzin y Eréndira.

La iniciativa busca reivindicar el papel central de las mujeres en la historia de México, especialmente de las comunidades originarias, y combatir el racismo, clasismo y machismo institucionalizados en la memoria histórica oficial.

La colocación de estas estatuas se presenta como un acto simbólico de “justicia histórica”: reconociendo a mujeres que han sido relegadas de las narrativas oficiales que tradicionalmente han privilegiado figuras masculinas o coloniales en espacios públicos emblemáticos como Paseo de la Reforma.

Lo anterior tiene un efecto político simbólico fuerte. Reescribe la memoria oficial del país incorporando perspectivas históricas de mujeres e indígenas. Refuerza la identidad de un proyecto político que prioriza la inclusión e igualdad de género, coherente con otras políticas públicas impulsadas desde el Gobierno federal y de la Ciudad de México. Construye legitimidad política en sectores progresistas, feministas e indígenas al dar visibilidad a demandas culturales históricas de reconocimiento.

La presidenta Sheinbaum ha promovido discursos sobre la importancia de las mujeres en la transformación social y política de México, vinculándolo con la narrativa de la llamada “Cuarta Transformación” (4T). Colocar estatuas de mujeres se integra a un discurso más amplio de representatividad e igualdad, que no solo quiere ser simbólico, sino también reflejo de políticas públicas que buscan enfrentar discriminación y desigualdad estructural.

Se busca el fortalecimiento de una narrativa de inclusión al colocar estatuas de mujeres indígenas en Reforma, es una forma de reconstruir la memoria histórica oficial del país para incluir protagonistas que han sido invisibilizadas. Así como la construcción de legitimidad política progresista, la Pesidenta afianza su imagen como líder que impulsa agendas de género y derechos culturales, algo con fuerte resonancia entre sectores feministas e indígenas.

Una política de identidad con fines amplios; donde más allá del arte o la estética urbana, estas esculturas funcionan como herramientas de política simbólica que buscan transformar narrativas, reforzar agendas de igualdad y traer a la agenda pública temas históricos marginados.

La acción impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum se inscribe en un fenómeno internacional conocido como “política de la memoria” o “batallas por el espacio público”, donde los Estados revisan quiénes son reconocidos como sujetos históricos legítimos. La incorporación de mujeres indígenas ancestras al espacio más simbólico del poder histórico (Paseo de la Reforma).

La colocación de estatuas de mujeres en CDMX, no es solo cultural, es una decisión de poder, porque define quién merece memoria y qué valores representan al Estado. Coloca a México en la vanguardia simbólica latinoamericana, al combinar: Género, identidad indígena y narrativa nacional. Refuerza el liderazgo simbólico de la presidenta Sheinbaum Como primera presidenta y como figura asociada a la ciencia, el progresismo y los derechos.

La exclusión histórica de las mujeres en especial indígenas de los relatos oficiales del Estado, reflejada en la baja representación femenina en monumentos, memoriales y espacios de alta visibilidad cívica. Este déficit simbólico contribuye a la reproducción de estereotipos de género, invisibilización de aportes históricos femeninos, debilitamiento de políticas de igualdad desde el plano cultural.

El espacio público funciona como dispositivo pedagógico del Estado, enseña quién importa y quién no. Visibiliza a mujeres históricamente excluidas del canon nacional. Fortalece una narrativa de igualdad y diversidad cultural. Genera referentes simbólicos para procesos educativos y culturales. Y linear la política cultural con compromisos constitucionales y de derechos humanos.

En el plano internacional, la acción de la presidenta Sheinbaum Pardo no es aislada, sino parte de una tendencia global de revisión histórica. Sin embargo, México destaca por hacerlo desde el máximo nivel del poder ejecutivo y con un énfasis claro en mujeres indígenas. Más que estatuas, se trata de una disputa por el sentido del pasado para definir el futuro político del país.

Las opiniones emitidas por los colaboradores de Metapolítica son responsabilidad de quien las escribe y no representan una posición editorial de este medio.

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