☞ Michoacán: Recuperando la utopía | La Salud en el umbral del Hogar: De la Mercancía al Derecho Humano

El territorio como consultorio.

Por Roberto Pantoja Arzola

Este 07 de abril, mientras el mundo conmemora el Día Mundial de la Salud, en México la narrativa está cambiando de fondo. No se trata solo de celebrar la técnica médica, sino de cuestionar a quién sirve esa técnica. Durante décadas, el neoliberalismo nos impuso una visión “curativa” y hospitalaria de la salud: un modelo diseñado para la ganancia de las farmacéuticas, donde la enfermedad es un activo financiero y el paciente, un cliente.

Hoy, desde una trinchera de izquierda que prioriza la vida sobre el capital, la apuesta es distinta. La verdadera revolución de la salud en este segundo piso de la transformación no ocurre entre las paredes frías de un consultorio privado, sino en el umbral de las puertas de las familias más vulnerables. El programa “Salud Casa por Casa”, es la manifestación más pura de una política pública con conciencia de clase y profundo sentido de comunidad.

El territorio como consultorio: el caso Michoacán

La esencia de este programa, puesto en marcha en junio de 2025, es una prioridad de la Dra. Claudia Sheinbaum Pardo y rompe con la jerarquía tradicional del médico inalcanzable. Aquí, el Estado sale a buscar al ciudadano. En nuestro Michoacán, un estado con una geografía tan generosa como compleja, esta labor adquiere dimensiones heroicas. Para un adulto mayor en las rancherías de la Tierra Caliente, o para una persona con discapacidad en los rincones más apartados de la Meseta Purépecha, el traslado a un hospital regional es muchas veces un calvario logístico y económico.

Que el personal de salud llegue a su domicilio no es solo un servicio médico; es un acto de justicia y soberanía. A nivel nacional, la meta es ambiciosa, pero en Michoacán la estamos materializando: el programa atiende el síntoma antes de que se convierta en crisis. Esta es la salud preventiva real: evitar que la saturación de los hospitales sea el único destino de nuestra gente.

Las y los profesionales de la salud, “Servidores de la Salud”: el rostro más humano de la Cuarta Transformación

Es imperativo detenernos a reconocer a quienes caminan nuestras calles. Las y los médicos, enfermeras y enfermeros, junto con los monitores de la salud, son el verdadero motor de este programa. Bajo el sol de mediodía en Huetamo o el frío intenso de la Sierra, estas mujeres y hombres no solo llevan un estetoscopio y un glucómetro; llevan la presencia del Estado a donde nunca antes había llegado.

Debemos dignificar su labor. Los profesionales de la salud en este programa “Salud Casa por Casa” no son de consultorio; son de territorio. Son ellas y ellos quienes, con una sensibilidad que no se enseña en los libros, detectan no solo una presión arterial alta, sino también la falta de alimentación adecuada o el abandono. Al cruzar el umbral de una casa en Maravatío o Pátzcuaro, nuestras enfermeras están reconstruyendo el tejido social, una visita a la vez. Ellas son los ojos del pueblo cuidando al pueblo.

Medicamentos gratuitos: el fin del “negocio de la enfermedad”

Uno de los pilares de este esquema es la garantía del medicamento gratuito. En el pasado, la receta médica era, para muchos, una sentencia de deuda o de resignación. Hoy, el programa asegura que el tratamiento —especialmente para diabetes e hipertensión, que tanto castigan a nuestra población— llegue sin costo a quien lo necesita.

Al eliminar el gasto de bolsillo, el Estado le arrebata la salud al mercado y se la devuelve a la gente. No hay salud si una jefa de familia debe elegir entre comprar la insulina o comprar la canasta básica. La gratuidad no es una dádiva, es la devolución de la riqueza pública a sus legítimos dueños.

Una reflexión final

Sin embargo, como toda política de izquierda, esta columna no puede ignorar los retos. La “Salud Casa por Casa” requiere una infraestructura logística impecable y un presupuesto ciego a las tentaciones del recorte. Debemos transitar hacia una institucionalización que impida que estos derechos vuelvan a ser moneda de cambio o privilegios de una élite.

En este Día Mundial de la Salud, la invitación es a defender lo público. La salud no es la ausencia de enfermedad, es la presencia del Estado asegurando una vida digna. Cuando un médico o enfermera toca a la puerta de un abuelo en un rincón apartado de nuestro estado, lo que está tocando es la esperanza de un Michoacán que ya no permite que sus hijos mueran por ser pobres.

La salud preventiva casa por casa es la semilla de un sistema que entiende que la justicia social empieza por el bienestar del cuerpo. Seguiremos caminando, casa por casa, hasta que el derecho a la salud sea tan natural como el aire que respiramos.

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