El primer ministro británico lanzó la semana anterior un programa para motivar a los ciudadanos a ejercitarse más para combatir la obesidad y enfrentar mejor un posible contagio de COVID-19. Una realidad a la cual México debiera permanecer muy atento.
Puede parecer un contrasentido, pero en realidad se trata de una propuesta muy seria: el decrecimiento económico podría ser la vía para mejorar las condiciones en la cuales viven millones de seres humanos en el mundo.
La vacuna rusa Sputnik, difundida con júbilo por el gobierno ruso, no es segura de usar y puede provocar diversas afectaciones al cuerpo. La información da un serio traspié al triunfalismo del presidente Vladimir Putin.
Estados Unidos, Canadá, la Unión Europea y Suiza (que no es parte de la UE), los países supuestamente desarrollados, presionan al gobierno de México para evitar las alertas de salud entre sus habitantes. El origen de la pugna proviene del etiquetado que desde octubre de este año deben llevar todos los alimentos procesados que se venden en México.
China y Brasil, dos gigantes de la economía y la geopolítica mundial, se han enfrentado en una pugna a propósito del coronavirus. ¿El motivo? Los alimentos.
La vacuna supuestamente más avanzada del mundo para combatir el COVID-19 estará en manos mexicanas y argentinas y ayudará a América Latina. Una iniciativa loable, que sin embargo, no se trata solo de solidaridad.
El pacto entre México, Argentina, la Fundación Slim, el laboratorio AstraZeneca y la Universidad de Oxford permitirá a América Latina contar con la vacuna un año antes de lo presupuestado.
México y Argentina producirán y distribuirán una vacuna contra el COVID-19 que podrá beneficiar a gran parte del mundo. Las primeras proyecciones arrojan un cálculo de 250 millones de dosis.