#ENTRELÍNEAS // ¿Silvano beneficia a la alianza opositora?

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Por Héctor Tapia

Durante 10 meses Silvano Aureoles Conejo desapareció de la escena pública. Su retorno ha generado morbo más que expectativa.

Aún es difícil saber los alcances e implicaciones que tendrá, pero queda claro que el exmandatario consideró que su reaparición era pertinente en este momento específico por varias razones, pero una de ellas, principalmente, para no perder “fuerza” frente a los embates que se avecinan.

Decidió comenzar a blindarse.

Enfrenta serios señalamientos por los desvíos multimillonarios que se tienen registrados en lo que fue su periodo de gestión. La cantidad de recursos observable o con irregularidades se cuentan por miles de millones de pesos, y no hay una cifra fija porque siguen saliendo las observaciones, a 10 meses de que dejó el cargo.

Las denuncias penales están ahí, la gran mayoría ante instancias federales. Tanto la Fiscalía General de la República como la Auditoría Superior de la Federación tienen cuenta de todo esto.

Estos procedimientos se libran ante instancias federales no sólo porque los recursos implicados son de origen federal, la gran mayoría, sino por la desconfianza existente en las instancias locales donde se encuentran perfiles claramente afines al exmandatario michoacano, con las dudas que esto conlleva. 

Aunque muchos quisieran verlo tras las rejas de forma inmediata, cualquier persona con un mínimo de conocimiento legal sabe que todo proceso judicial lleva su tiempo, guste o no. El debido proceso tiene que darse para que no haya impunidad; es decir, simple y llanamente esto no sucederá de la noche a la mañana, si es que se le logran fincar responsabilidades en el trayecto.

Los procesos de denuncia y sustanciación legal para fincar responsabilidades no son los tiempos que de manera acelerada llevan los juicios sumarios hechos a partir de los indicios existentes. Esto Silvano Aureoles lo sabe.

Frente a esto, su reaparición se configura como una provocación cargada de estrategia política para no perder la influencia que pudiera tener, y en función de ello tejer una ruta detallada para blindarse; es decir, si llega el momento en que se actúe judicialmente en su contra, él podrá decir que es sólo una venganza en su contra por ser un abierto opositor a la federación y al presidente.

Y si no pasara la acción judicial a tiempo, de todas formas, él estaría avanzando en su ruta de intento de fortalecimiento político, para aprovechar para crecer frente a lo que está por venir, electoralmente hablando, en el país, que es la sucesión presidencial, donde los opositores buscan organizarse, todavía sin éxito visible o palpable, para tratar de derrocar a la llamada y creciente cuarta transformación.

En esta ruta se ha reunido con actores diversos, muchos de su partido, pero también muchos actores de carácter nacional de otras fuerzas políticas.

Sin embargo, en lo que respecta a su partido, de acuerdo a los elementos se observa que sólo busca blindarse él y no a un equipo. Y en ese trayecto ha venido agrupando y se ha encontrado con quienes están resentidos con el presidente, para tratar de sacar todo el provecho posible de esa coyuntura y esa circunstancia específica. Y, por otro lado, su partido también trata de sacar la mayor “raja” posible a esta situación, porque no tiene actores que hayan asumido el liderazgo que por 10 meses dejó acéfalo el exgobernador.

El centro es que Aureoles Conejo y su administración sí arrastran serios cuestionamientos sobre el manejo frívolo, poco transparente y cuestionable que dio a los recursos del estado, por lo que en términos de percepción sí arrastra negativos sumamente complicados de remontar, a menos de que se apueste al olvido y que en cierta medida se consiga.

Es decir, tanto el PRD como Silvano Aureoles se necesitan para intentar rescatarse. Sin embargo, no deja de ser un lastre para dicha fuerza política, porque su desplome en el estado se debió justamente producto de la profunda crisis de credibilidad del periodo de gobierno del exmandatario.

Yendo más allá: en términos de la alianza opositora, Silvano Aureoles, más que un estandarte de resistencia al régimen de López Obrador, es un anclaje, un peso que les hunde, tanto al PRI como al PAN, lo mismo que Alejandro Moreno Cárdenas, y quién sabe si estos partidos estén dispuestos a soportar.

Héctor Tapia. Director General de Metapolítica.mx, reportero en Medios Radiofónicos de Michoacán, analista político en Canal 6 Media Group y titular del noticiario “A Las 2” del SMRTV.

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