Por José Irán Moreno Santos
América Latina gira a la ultraderecha, resultado de los malos gobiernos de izquierda y de derecha.
El neoliberalismo impulsado por las derechas en los años 90 fue derrocado por las izquierdas a principios del siglo XXI. Las izquierdas gobernaron aproximadamente 26 años —aún gobiernan Brasil, Uruguay y México, si es que se le puede caracterizar de izquierda— y no lograron generar una alternativa económica que los diferenciara de los neoliberales; incluso, siguen gobernando bajo ese modelo económico.
Donde sí hay una diferencia es en lo social, donde los derechos se ampliaron, los beneficios sociales se universalizaron y la pobreza se redujo.
Los gobiernos de izquierda no cambiaron sus regímenes políticos presidencialistas en favor de su democratización; al contrario, los centralizaron aún más y les otorgaron metapoderes que llevaron a unos a personificar el gobierno en una sola persona y a otros a convertirlos en dictaduras. El diálogo político lo desaparecieron con respecto a la oposición, no hicieron su reforma fiscal progresiva y, por ende, no hubo dinero para los programas sociales, no hubo inversión estatal, no hubo incentivos a los empresarios sino pactos de negocios, no generaron empleos, se incentivó el trabajo informal y tampoco hubo capacidad para enfrentar la inseguridad, aunado a ello los escándalos de corrupción de dirigentes, familiares y amigos cercanos al gobierno y al partido.
Las izquierdas tradicionales seudodemocráticas, al igual que los neoliberales de derecha, allanaron el camino para que la ultraderecha llegara al gobierno en Chile, Costa Rica, Perú y este domingo en Colombia. Esperemos los resultados en Brasil en el mes de octubre.
A lo anterior hay que sumar las divisiones de las izquierdas que influyeron de manera importante en sus derrotas. Estas divisiones mostraron el talante democrático y autocrático de los partidos y sus dirigentes; el control del poder les hizo perder el rumbo, olvidar el programa, desvanecer la lucha de años, corromper el movimiento, confundir el poder con el gobierno y perder la posibilidad de un mejor país por la mezquindad, el poder y el dinero, olvidando a la nación y su lucha.
La izquierda que ha gobernado en estos últimos años en la región, desde la Venezuela de Chávez y Maduro hasta la de Gustavo Petro, debe reflexionar sobre su desempeño, su cumplimiento del programa, sus alianzas, sus funcionarios, sus modelos de comunicación, sus errores económicos, su relación con los electores y su relación con la oposición y, lo más importante, las relaciones con sus aliados de gobierno y partidos; porque sin duda aquí, en esta reflexión, se encontrarán las razones verdaderas y objetivas de su fracaso tras generar importantes expectativas en la población.
Pavimentaron el camino de la ultraderecha y serán los responsables del éxito o el fracaso de esos gobiernos, y tendrán que asumir su responsabilidad.
La política de izquierda está severamente cuestionada: es sectaria, cerrada, celosa, desconfiada, déspota y falsa. Desde que asumieron el gobierno —antes se asumían demócratas y dialoguistas— ¿en qué momento pasaron de políticos a hienas?
Es momento de reflexionar, señalar, cuestionar, diferenciar, asumir y comprometerse a ser demócratas; y si no pueden, renuncien y den paso a otra generación que esté dispuesta a servir y no servirse del gobierno y sus influencias.
Sobreviven Brasil y Uruguay, dos democracias consolidadas y dos izquierdas diferentes a las que han gobernado el resto de la región. Sería bueno ver qué han hecho bien, pero sobre todo por qué se mantienen unidos, renovados y fuertes; ellos han ganado, perdido y recuperado el gobierno.
La derecha neoliberal y la izquierda nacionalista populista han mostrado su incompetencia para gobernar y cambiar las condiciones de vida de la sociedad, y ambas han dado paso a la ultraderecha.
Es momento de que la derecha liberal democrática y la izquierda democrática desplacen a la ultraderecha y a la izquierda dogmática que mostró su incompetencia, para el bien de las sociedades.
NOTA DE PROTESTA
Nos sumamos a la petición de los exiliados nicaragüenses y del Comité Mexicano por las Libertades y la Democracia en Nicaragua a la presidenta de México para que promueva la liberación y presentación con vida de los presos políticos que tiene el régimen Ortega-Murillo.
Condenamos el trato dado al líder opositor cubano Manuel Cuesta Morúa, el cual fue detenido, maltratado y amenazado de muerte por agentes de la Seguridad del Estado.
Nos faltan 43 estudiantes.
130 mil desaparecidos y el gobierno no los busca; sus madres y familiares sí.
En México se asesina a periodistas.
Libertad de todos los perseguidos y presos políticos en Nicaragua, Venezuela, El Salvador y Cuba.
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